domingo, 9 de octubre de 2011

TAN LEJOS Y TAN DEPRISA


No deja de ser curioso cómo, el último Nobel de Física se debe a un experimento que obtuvo el resultado contrario a lo esperado. Lo cierto es, que no es habitual que las grandes y prestigiosas revistas de comunicación científica publiquen artículos de experimentos cuyos resultados no concuerdan con las expectativas. Y sin embargo suelen ser precisamente este tipo de experiencias las que obligan a los científicos a replantearse la interpretación del mundo que nos rodea.
Esto mismo es lo que les sucedió en la década de los 90 del siglo XX a los tres astrofísicos recientemente premiados: Perlmutter, Riess y Schmidt. Diseñaron un sofisticado experimento midiendo la luz de las supernovas más lejanas que pudieron encontrar, para demostrar que la expansión del Universo después del Big Bang (la Gran Explosión, vaya) se estaba frenando. Cómo no iba a ser así existiendo una fuerza de alcance casi infinito como la Gravedad y responsable de que todos los cuerpos que tuvieran masa se atrajeran mutuamente. Pues va y resulta que no. Que para nada. Que todo se aleja de todo y cada vez más rápido. Que vaya usted a saber a dónde vamos a llegar.
Además, no se sabe la causa de eso que describen como la expansión acelerada del Universo. Pero como debe existir una interacción que nos aleje de todo cada vez más lejos y más deprisa, y no se puede detectar, le han echado la culpa a la energía oscura (la energía también se puede pasar al Lado Oscuro de la Fuerza como en Star Wars).
Equivoquémonos pues, pero sigamos aprendiendo de nuestros errores y, sobre todo, por mucho que le cueste a nuestras mentes, seamos capaces de reconocer que estamos equivocados. Puede ser el primer paso para replantearnos nuestro lugar en el mundo que nos rodea. Y es que, en la Ciencia, no existe la verdad absoluta, tan sólo diferentes miradas (más o menos acertadas) a una misma, vasta y compleja realidad.

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